apuntes impertinentes

Publicado el 16 de Septiembre, 2006, 19:34

    

 

La prostitución es una realidad en nuestras ciudades. Podemos buscarla en los anuncios clasificados de los periódicos, en los clubes o en las calles.  Aunque las estadísticas son poco fiables se habla de un 90 % de mujeres inmigrantes: mujeres de Europa del Este, latinas, africanas y empiezan a verse asiáticas.

Existen partidarios de legalizarla y de abolirla.  En Suecia  se ha optado por la abolición de este oficio mediante la penalización de los clientes.  Un 25 % de españoles solteros entre 20 y 25 años y casados entre 40 y 60 son clientes asiduos de estas mujeres. Suelen decir que si vas de “putas”, repites; se convierte en una especie de droga.

Las personas que se dedican a ella lo hacen por necesidades económicas. Las posibilidades laborales de una mujer inmigrante irregular –y la mayoría de las prostitutas lo son - están muy limitadas. Más allá del servicio doméstico de todo tipo, hay pocas oportunidades. La prostitución ofrece más dinero y un horario laboral compatible, por ejemplo, con hijos pequeños. La prostitución implicaría por tanto la decisión de la mujer que la ejerce, entre las pocas posibilidades que tiene a mano. Este es el argumento más repetido entre las mujeres que aspiran a la legalización: si una mujer decide ser menos pobre y quiere utilizar para ello sus “facultades sexuales”, no debemos prohibírselo, sino ayudarla, dicen.

¿Estaríamos dispuestos a aceptar la prostitución como un trabajo normal? No olvidemos que dos de los mayores insultos en español son: puta e hijo de puta. 

Estas mujeres confían en que igual que se ha aceptado los matrimonios entre personas de igual sexo, presumiendo de modernos, termine por aceptarse el trabajo sexual como algo normal y dejemos de ser una sociedad prehistórica y falsa en este tema. Si con “maricón” hemos cambiado el chip con “puta” hay que hacer lo mismo.

 

¿Qué opináis? ¿Es la prostitución un trabajo como cualquier otro?

Por fetuza, en: sociedad

Publicado el 4 de Septiembre, 2006, 19:41

 

Dos monjes discuten:
─ Yo llegaré primero a la aldea.
─ Yo llegaré mejor preparado.
─ Yo podré solucionar los problemas de la aldea con más rapidez gracias a llegar primero.
─ Yo solucionaré los problemas de la aldea mejor porque los pensaré con más calma.
─ Es posible que los problemas de la aldea se agraven porque no lleguemos antes.
─ Es posible que los problemas de la aldea se agraven porque no pensemos bien las soluciones que darles.
─ Hay que saber afrontar los problemas con presteza y eficacia.
─ Hay que saber afrontar los problemas con constancia y dedicación.
─ Es preciso decidir.
─ Es preciso discutir.
─ Así no llegaremos nunca.
─ Por cierto, ya hemos llegado.

Cuento Zen (Anónimo)

 Desgraciadamente es algo que vemos reflejado en nuestro día a día. ¡Ojalá aprendamos!

Por fetuza, en: sociedad

Publicado el 26 de Agosto, 2006, 19:23

 

Podemos afirmar que estamos atravesando una crisis de formas cívicas y como consecuencia de ello tenemos problemas de convivencia. Pero decir que somos maleducados  no es decir que somos peor gente que antes. Somos menos aptos socialmente, estamos más desorganizados. Eso es evidente. Pero ¿por qué? ¿Cuáles son las razones de nuestra mala educación actual?

 

Salvador Cardús en su libro Bien educados nos da varias pistas:

   1.- Vivimos en un mundo más abierto que nunca, lo que nos lleva a confusión en la interpretación de los demás y pone de relieve la arbitrariedad de nuestras formas.

   2.- Las relaciones se abren y son compartidas por grupos con maneras de hacer las cosas muy distintas.

   3.- Las normas han perdido su dimensión práctica por lo que han entrado en crisis.

 No es lo mismo ser bien educados en un mundo homogéneo y estable que en un mundo distinto y cambiante. Pero no lo confundamos con una crisis moral en general.

¿Solución? Tener paciencia hasta que todos, insisto, todos, vayamos captando las nuevas reglas del juego.

Por fetuza, en: educación

Publicado el 19 de Agosto, 2006, 17:38

                                             

El progreso parecía haber sacado a las sociedades modernas de las condiciones de frágil precariedad con las que se había desarrollado la historia de la humanidad.

El hombre ya no estaba a la intemperie de las inclemencias climáticas ni desprotegido contra las epidemias o saqueos. Todo estaba asegurado: las propiedades, las cosechas, la salud, el empleo, la vejez.

Sin embargo al llegar el siglo XXI descubrimos que nuestra civilización está llena de una inseguridad creciente.  Han aparecido nuevas amenazas: terroristas, pandémicas, ecológicas, económicas, políticas, sociales. De repente todo parece ir mal: la política, la economía, la educación, la familia, los valores por los que nos regimos.

La sensación es que el mundo, nuestro mundo, no es lo que era. Pero ¿y si estuviéramos equivocados?  y nuestra sociedad no camina hacia la autodestrucción,  sino hacia un nuevo modelo que nos pilla a contrapié y al que valoramos  de la misma forma que lo hemos hecho anteriormente, cuando en realidad,  las cosas que ocurren a nuestro alrededor son nuevas, nuevas formas de vivir, de saber, de relacionarnos con los demás, de divertirnos, etc.

Y estas nuevas formas piden que sepamos afrontar con esperanza los riesgos. No olvidemos que todas las épocas han traído nuevas formas de sociedad.

¿Estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo tipo de sociedad?

 

¿Qué pensáis vosotros?


Por fetuza, en: sociedad

Publicado el 14 de Agosto, 2006, 18:30


 

Es frecuente sentir la presencia de la jerarquía eclesiástica detrás de nosotros diciéndonos constantemente como hemos de vivir, pensar y actuar a lo largo de nuestra vida.

Esa sensación alcanza no sólo a temas morarles sino que pretende abarcar cualquier tema  desde el campo científico al literario, pasando por el político, el cinematográfico, etc.

Esto ha despertado un amplio rechazo en la sociedad.

Sin embargo no toda la Iglesia piensa y actúa así. Me parece interesante el siguiente comentario del teólogo Karl Rehner cuyo centenario se ha celebrado recientemente que se repartió ayer en una hoja parroquial.

La Iglesia ha de ser una institución moral, pero no moralizante…  Ante todo y sobre todo hemos de dar noticia al hombre de hoy del íntimo, radiante y liberador misterio de su existencia y al cual nosotros llamamos Dios. Si el hombre no ha hecho ni siquiera inicialmente la experiencia de Dios, no tenemos por qué manifestarle las normas morales del cristianismo: no podría entenderlas; a lo más le podrían resultar causa de coerciones más radicales y de angustias más profundas…

La iglesia debe dejar de dar esas recetas baratas de pequeños clérigos que viven al margen de la autentica vida de la sociedad y la cultura moderna y remitir esas decisiones a la conciencia individual.

 

Muy clarificador ¿no os parece?

Por fetuza, en: religión

Publicado el 4 de Agosto, 2006, 21:43

   

 

Los hombres siempre hemos sido muy orgullosos  y hemos presumido de conocer perfectamente a Dios, sus cualidades, sus … todo. Quizás por eso en los años sesenta se llegó a decir que Dios había muerto. Ahora a principios del siglo XXI la palabra Dios es una de las más buscadas en Internet. Al mismo tiempo se da la paradoja de buscar una religión a la carta con elementos de distintas religiones. Y nos quedamos tan panchos, podemos ser católicos y creer en la reencarnación,  y podíamos seguir con más ejemplos.

 

Pero hoy os presento varias opiniones sobre Dios.

 

-          Los americanos deben identificar el ideal democrático con la voluntad de Dios.

 

-          América triunfará ante la adversidad porque es la voluntad de Dios.

 

Otros afirman conocer a Dios de esta guisa:

 

-          Dios ha bendecido a un grupo de musulmanes de vanguardia, la vanguardia del Islam para destruir a Norteamérica.

 

-          Nosotros con la ayuda de Dios exhortamos a todo musulmán que cree en Dios, y desea ser recompensado por cumplir  con la orden de Dios, a matar norteamericanos y saquear su dinero donde quieran y cuando quieran.

 

 

La vanidad del genero humano nos lleva a conocer ¿? todo de Dios y nada de los hombres y así nos va.

 

¿Qué opináis?

 

 

 

            .


Por fetuza, en: religión

Publicado el 2 de Agosto, 2006, 18:32

   

 

Asistimos atónitos a la enésima confrontación árabe-israelí.  Da la impresión de no ser importante para nosotros como si no tuviese – en un futuro próximo – influencia en nuestras vidas.

Muchos creen que los musulmanes son gente violenta y fanática cuyas creencias y comportamientos son incompatibles con el modo de vida occidental.

Muchos musulmanes nos ven como gente que no les respeta ni sus creencias ni su forma de vida y somos el demonio a destruir.

El problema es que ninguna de las dos partes cree que sea posible llegar a un acuerdo o encontrar un equilibrio y que el enfrentamiento es inevitable. La intolerancia es esa incapacidad que tenemos los humanos en soportar lo diferente. La intolerancia contra los musulmanes va de la mano de la demonización de occidente por parte de los fundamentalistas árabes.

Cualquier solución debe luchar contra el nacionalismo enloquecido, el odio tribal y la intransigencia étnica y religiosa y fomentar los valores de la moderación y el respeto. Empezando con reconocer que  la dignidad humana  es algo tan grande que no cabe en una cultura, que cada cultura alimenta y desarrolla un aspecto de la dignidad humana y  que el progreso siempre vendrá del diálogo entre las diferentes culturas.

 

Ghandi dijo: No quiero que mi casa esté tapiada por todos lados y mis ventanas condenadas. Quiero que  las culturas de todas las tierras entren en mi casa con el viento, con tanta libertad como sea posible.

 

¡Menudo reto!

Por fetuza, en: actualidad

Publicado el 30 de Julio, 2006, 18:04

    

 

Las encuestas realizadas en los países de nuestro entorno nos hablan de las dificultades para entender una editorial de un periódico o de los problemas que conlleva comprender un manual técnico. Dificultades que afectan a un 30 % de los habitantes de dichos países ente los que se encuentran España y Francia.

 

Las personas incapaces de manejar información y de comprender argumentos están a merced de cualquier slogan, agitador, guión o rostro televisivo. Y eso, no cabe duda, rebaja inevitablemente la calidad de nuestra convivencia.  La capacidad de informarse, criticar las ideas, evaluar los argumentos, justificar las propias ideas u opiniones aumenta de nuestra calidad de vida.

 

Por eso es conveniente que tengamos presente que leer no es un nuevo adorno, ni un modo más de divertirse o de matar el tiempo. Sino que es una forma de adueñarse del lenguaje o lo que es lo mismo adueñarse de la inteligencia y dignificar nuestra convivencia.

 

¿O es una exageración por mi parte?

 

Por fetuza, en: cultura

Publicado el 21 de Julio, 2006, 20:46


 

La vida nos obliga a tener opiniones  sobre un montón de cosas diversas: sobre el sentido de la vida y de la muerte, sobre la sexualidad y la familia, sobre la educación de nuestros hijos, sobre la educación de los hijos de los demás, sobre asuntos políticos, sobre el amor y el odio, sobre el futuro, sobre el pasado, sobre la identidad personal, genérica, nacional, racial, religiosa sobre el aborto o la eutanasia, sobre la energía nuclear, sobre los alimentos transgénicos, sobre el terrorismo y las respuestas por parte del estado…No cabe duda, necesitamos una cultura nueva que nos ayude a integrar respuestas. Son demasiadas novedades como para dejarnos llevar de la pasividad y la desidia. Hay que reinventar casi todo: las relaciones de pareja, las estructuras familiares, la interpretación del arte, de la literatura, de las imágenes de televisión, las nuevas formas de espiritualidad, las teorías sobre las catástrofes naturales y sobre todas las locuras que creamos merecen la pena.

 

De alguna manera eso es lo que hacemos con nuestros blogs, reinventar amistades y diálogos a través del ciberespacio ¿ O no?

Por fetuza, en: cultura

Publicado el 10 de Julio, 2006, 17:36

   

 

La familia como institución está inmersa en un proceso de reconstrucción sociocultural. En la era preindustrial  el  reparto de roles y la economía familiar  sostenían la relación matrimonial. En la modernidad llegó la disolución de la familia como comunidad económica. Y ahora que vivimos la postmodernidad nos encontramos con un alto grado de libertad, de búsqueda y de autenticidad, pero también de complejidad y fragilidad.

 Hemos vivido un proceso de liberación importante respecto a los modelos tradicionales: la incorporación de la mujer al trabajo, la igualdad – más bien teórica- de determinadas funciones y actividades ha dado lugar a más grados de libertad, ganando espacios de acción y realización, así como posibilidades de elección. Pero al mismo tiempo se producen nuevos riesgos, conflictos y rupturas: separación, divorcio, monoparentalismo, padres ausentes, padres/madres del mismo sexo, matrimonios mixtos, que son las amenazas reales de hoy en día.

Es curioso que en el momento que el matrimonio se ha liberado de controles y limitaciones aparezcan nuevas luchas y conflictos.

El clan familiar ha desaparecido y ahora las personas implicadas deben negociar, individualmente, su aportación a la necesaria causa común. Hay que encontrar el factor que cohesione la familia. Encontrar caminos de reconstrucción es todo un reto lleno de dificultades. Pero la meta no se ve mirando para atrás, nunca tiempos pasados fueron mejores, por eso debemos encontrar espacios más libres pero al mismo tiempo más duraderos, más estables. Aunque como decía Ulrich Beck  el amor quede como utopía, como proyecto de un mundo mejor.

Por fetuza, en: sociedad